Emigrar es una de las decisiones más grandes que puede tomar una persona. Dejas atrás a tu familia, tu idioma, tus costumbres y, a veces, la persona que eras. Para muchos, el cambio se vive con ilusión y dificultades normales. Para otros, las condiciones son tan duras que el estrés acaba superando su capacidad de adaptarse.
A esta segunda situación el psiquiatra Joseba Achotegui le puso un nombre: síndrome de Ulises. En este artículo te explico qué es, cómo reconocerlo y qué puedes hacer si te sientes identificado.
Yo mismo he vivido en cuatro países. Sé lo que es empezar de cero lejos de casa, y en terapia acompaño a muchas personas que están en ese proceso.
¿Qué es el síndrome de Ulises?
El síndrome de Ulises, o síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple, describe el sufrimiento de las personas que emigran en condiciones extremas. Lo describió Joseba Achotegui, psiquiatra de la Universidad de Barcelona, a principios de los años 2000, a partir de su trabajo con personas migrantes.
El nombre viene de Ulises, el héroe de la Odisea, que pasó años lejos de los suyos enfrentándose a peligros y soledad sin poder volver a casa.
Según Achotegui, aparece cuando se acumulan, durante meses o años, cuatro grandes fuentes de estrés:
- La soledad: la separación forzada de la familia, sobre todo cuando no puedes traerla ni visitarla.
- El sentimiento de fracaso: cuando el proyecto migratorio no sale como esperabas y no ves salida.
- La lucha por sobrevivir: dificultades para encontrar vivienda, trabajo o comida.
- El miedo: a los peligros del viaje, a la expulsión, a los abusos o a la falta de papeles.
Lo que lo diferencia de las dificultades habituales de emigrar es la intensidad y la duración de ese estrés: son tantas cosas a la vez, y durante tanto tiempo, que no queda espacio para elaborar lo que se ha perdido.
Los siete duelos de la migración
Toda migración implica pérdidas, incluso cuando la eliges y te va bien. Achotegui las agrupa en siete duelos:
- La familia y los seres queridos, que suele ser el más doloroso.
- La lengua: dejar de expresarte con naturalidad, con matices y humor.
- La cultura: costumbres, horarios, comida, forma de relacionarse.
- La tierra: los paisajes, la luz, el clima de tu país.
- El estatus social: a menudo trabajas por debajo de tu formación o tus títulos no se reconocen.
- El grupo de pertenencia: sentirte “el de fuera”, a veces con prejuicios o discriminación.
- Los riesgos para la integridad física: viajes peligrosos, trabajos duros, enfermedades.
No todo duelo migratorio es un síndrome de Ulises
Es importante no confundir las cosas. Achotegui distingue tres formas de vivir estos duelos:
- Duelo simple: emigras en condiciones razonables, puedes volver de visita y tu entorno te apoya. Hay tristeza y nostalgia, pero las vas elaborando.
- Duelo complicado: hay dificultades serias, por ejemplo hijos pequeños o padres enfermos en tu país, pero todavía hay margen para reunirte con ellos o volver.
- Duelo extremo: las pérdidas y el estrés son tan grandes que no se pueden elaborar. Es el que corresponde al síndrome de Ulises.
Si te has ido a otro país con trabajo, papeles y la posibilidad de volver, lo más probable es que no vivas un síndrome de Ulises. Eso no quita que tu malestar sea real: un duelo migratorio simple o complicado también puede pesar mucho y merece atención.
Síntomas del síndrome de Ulises
Los síntomas suelen mezclarse y cambiar con el tiempo. Achotegui los agrupa en cuatro áreas:
- Estado de ánimo: tristeza, ganas de llorar, sentimiento de culpa (por haberte ido, por no poder ayudar a los tuyos). A veces aparecen pensamientos de muerte, aunque son menos frecuentes.
- Ansiedad: preocupación constante, tensión, irritabilidad e insomnio, sobre todo dificultad para conciliar el sueño.
- Síntomas físicos: dolores de cabeza por tensión, cansancio que no se va, dolores musculares o de articulaciones.
- Síntomas confusionales: fallos de memoria y de atención, sensación de estar perdido o desorientado, de no ser tú mismo.
Un detalle importante: muchas personas con este síndrome siguen luchando. Conservan la motivación y las ganas de salir adelante, aunque estén agotadas. Por eso su sufrimiento pasa a menudo desapercibido, también para ellas mismas.
Si en algún momento tienes pensamientos de quitarte la vida, no esperes: llama a los servicios de emergencia del país donde estás (112 en toda la Unión Europea). En España tienes también la línea 024 de atención a la conducta suicida.
¿Es una enfermedad mental?
No. Achotegui insiste en que el síndrome de Ulises no es un trastorno mental, sino una reacción de estrés ante una situación límite. No aparece como diagnóstico en los manuales de psiquiatría (DSM o CIE). Lo sitúa en la frontera entre la salud mental y la psicopatología: es una señal de alarma.
Esa idea tiene dos consecuencias prácticas. Por un lado, tu malestar no es una debilidad: es proporcional a lo que estás viviendo. Por otro, si la situación se mantiene en el tiempo, aumenta el riesgo de desarrollar un trastorno, como una depresión. Por eso conviene actuar pronto.
¿En qué se diferencia de la depresión?
Se parecen, pero no son lo mismo. Según Achotegui:
| Síndrome de Ulises | Depresión | |
|---|---|---|
| Origen | Varios estresores extremos a la vez, durante meses o años | No siempre hay una causa externa clara |
| Motivación | Suele mantenerse: la persona sigue luchando | Suele perderse el interés por casi todo |
| Autoestima | En general se conserva | Suele estar muy dañada |
| Síntomas físicos y confusionales | Muy presentes | Menos centrales |
Esta diferencia no es solo teórica. Confundir un síndrome de Ulises con una depresión puede llevar a tratar solo los síntomas y olvidar lo esencial: la situación que los provoca. Por eso es importante que te evalúe un profesional, a ser posible con experiencia en migración.
Qué puedes hacer tú
Como el síndrome nace de una situación, lo primero es aliviar esa situación en lo posible:
- Atiende lo básico: vivienda, papeles, trabajo, salud. Las asociaciones de apoyo a migrantes, las ONG y los servicios sociales pueden ayudarte mucho más de lo que imaginas.
- Rompe el aislamiento: busca a otras personas de tu país o de tu idioma, y mantén el contacto con tu familia, aunque sea por videollamada.
- Cuida tu cuerpo: horarios de sueño, algo de movimiento, comidas regulares. Parece poco, pero sostiene mucho.
- Conserva tus raíces: tu música, tus recetas, tus fiestas. No tienes que elegir entre tu cultura y la nueva.
- Ponle nombre a lo que has perdido: hablarlo o escribirlo ayuda a que el duelo avance en vez de quedarse bloqueado.
Cómo te puede ayudar la terapia
La terapia no sustituye la ayuda práctica, pero la complementa. Sirve para que el estrés no se convierta en un trastorno y para recuperar un poco de espacio interior.
En mi trabajo combino varios enfoques con respaldo científico, según lo que necesites:
- Una evaluación clara al principio, a veces con cuestionarios validados, para entender qué te pasa y qué no.
- La terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la atención plena: aprender a hacer sitio a la tristeza y al miedo sin que te paralicen, y volver a actuar según lo que te importa.
- EMDR, cuando hay recuerdos difíciles del viaje o de lo vivido que siguen pesando en el presente.
Las sesiones son online, en español, francés o inglés, desde donde estés. Hablar de tu experiencia en tu propio idioma, con alguien que también ha emigrado, cambia mucho las cosas.
Preguntas frecuentes
¿Quién describió el síndrome de Ulises?
El psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, a principios de los años 2000, a partir de su trabajo clínico con personas migrantes.
¿Puede afectar a un expatriado con buenas condiciones?
En sentido estricto, no: el síndrome de Ulises corresponde a migraciones en condiciones extremas. Pero un expatriado puede vivir un duelo migratorio simple o complicado, con tristeza, ansiedad o choque cultural, que también merece atención.
¿Cuánto dura?
Depende sobre todo de la situación que lo provoca. Cuando los estresores disminuyen y hay apoyo, los síntomas suelen mejorar. El insomnio es a menudo lo primero que mejora.
¿Se cura con medicación?
No es una enfermedad, así que lo central es reducir el estrés y acompañar el duelo. Si hay un trastorno asociado, como una depresión, un médico valorará si hace falta tratamiento farmacológico.
¿La terapia online funciona en estos casos?
Sí. Para muchas personas que viven lejos de su país es la única forma de hablar con un psicólogo en su propio idioma, y la videollamada permite un trabajo de calidad.
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Gonzalo Garzo, psicólogo clínico colegiado (COP Madrid M-34763), especializado en expatriación y procesos de adaptación.
Fuentes
- Achotegui, J. (2003). La depresión en los inmigrantes extracomunitarios: el síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises). Revista Clínica Electrónica en Atención Primaria.
- Achotegui, J. (2006). Estrés límite y salud mental: el síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple. Migraciones, 19, 59–85.
- Achotegui, J. (2017). El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises). Revista de Menorca, 96, 103–111.





